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lunes, 16 de junio de 2014

Desatarse.....

Debo encontrarla....
La necesito....
Me necesita....

¿Como podre alcanzarla? se fue hace mucho tiempo, tal ves si cor
ro y nunca paro, no importara mi cansancio, no importa si mis piernas quedan lastimadas para siempre, no importa si la nieva me ciega... Mejor no, no debo descuidar mis ojos, no podría vivir sin verla otra vez... no me conformaría con sentirla, necesito ver que esta bien, que no tiene ningún problema, quiero ver si ella también puede verme...  Tal vez al fin logre que me vea como yo siempre la vi, después de que le ayude la salve, ella me amara. Hice muy poco antes, esta ves no la dejare ir, ella podrá estar conmigo para toda la vida, me acompañara siempre, he encontrado la manera, ella no sera desafortunada como todos los demás por que yo la encontrare, yo se como salvarnos...


¿DONDE ESTA?..No quiere que la encuentre
... ¡¡¡No te escondas de mi!!!

Ya no se en que dirección voy, he perdido la orientación. Todo es nieve y viento, las montañas son todas iguales. Quiero morir, no quiero estar aquí sin ella, sin su rostro, sin su voz. ¿Pero por que sigo? Ella huye de mi, ella no me ama. Nunca me amo, nunca sintió algo por mi. Calmadamente se alejo y corrió sin decirme a donde iría...


!AYUDA!
!ADELUZ!

Ahora lo he entendido, por favor Adeluz, sácame de aquí. Ya la he perdido.


jueves, 12 de junio de 2014

Amry Birke

Por lo general en días como este estaría charlando con Amry. Ver llegar su guárnica a la ventana, con su pequeña mancha roja en la cabeza que la hacia parecer muy ruda, como si antes de llegar hubiera tenido una pelea, y si este fuera el caso, esta guarnica no encajaría para nada con Amry. Ella es mi mejor amiga, la persona mas pacifica del mundo y la que tiene el corazón mas grande, nunca logre entender como es que ella logra amar a tantos, sin juzgarlos. Tan delicada, ella era mi refugio después de las jornadas de sentimientos malos en mi cuerpo, eran casi diarias durante un tiempo hasta que poco a poco se volvieron menos frecuentes, y por eso, Amry era muy poco visitada por mi desde entonces. No solo era eso, si no que se mudo a la ciudad siguiente y era casi imposible dejar la Escuela Mayor para visitarla. Muchas veces la trate mal pero no de una manera física o verbal, si no que no la supe apreciar ni querer como se lo merecía, fui un tonto.
 
    La manera que usaba su dominio era tan pacifica aun cuando atacaba a alguien, era un golpe delicado pero a la ves feroz, siempre trataba de golpear de la manera menos dolorosa. Llevaba el agua de un lado a otro como un espectáculo hecho para el Castillo Central. Amry Birke, la extraño tanto. Estar solo escapando no me hace nada bien, estoy seguro que hace unos días pude ver su guarnica, vi pasar un puntito rojo el cielo. Si tuviera que elegir a alguien que me acompañara en esta tarea, la elegiría a ella, si dudarlo. La soledad arrasa con todo, ver tanta muerte pasar me convierte cada ves en uno de los contaminados, sin ser contaminado de verdad. Trato de pensar en otras cosas, ir a mi mente otra ves y estar en un mundo diferente, en un tiempo diferente, pero no puedo volver al Salón de los Espejos. Los juegos de primavera fueron muy fáciles a un lado de lo que tengo que hacer ahora, compararlos es algo tonto pero ese recuerdo me trae a mis amigos de vuelta y es lo único que tengo en la cabeza. No quiero olvidarlos, no quiero dejar que sus rostros desaparezcan. Amry estaba en un pedestal la ultima vez que la vi, usando sus palabras para animar a la gente en estos tiempo difíciles, no se si siga viva pero si lo esta, debe de estar con muchas personas, cuidándolas y protegiéndolas. Ella es no es un Humano Perfecto pero se merece que la llamen así. Pronto acabare con esto y podre volver a verla, podremos volver a charlar y jugar. Podremos comer algo. Juntos. Cuantos amigos tengo? puedo contarlos con una sola mano, y Amry es el pulgar, el dedo que mas importante.

jueves, 1 de mayo de 2014

Capitulo I: El Salón de los Espejos.


Capítulo I

El Salón de los Espejos

 

 

Subí mis manos a la altura de mi cara pero no pude verlas, el lugar donde me encontraba no tenía ni una chispa de luz. Mis ojos decían que este no tenía fin pero me negué a comprobarlo y además, gracias a esta falta de curiosidad me quede inmóvil. La razón era que no quería averiguar si este lugar tenía un fin o un borde en el cual podría caer.

Durante todo el tiempo sentía que había algo acercándose a mí, mis oídos podían escuchar el sonido de fuertes pisadas que se dirigían en mi dirección y mis pies descalzos sentían el vibrar del piso. No estaba seguro si pudiera correr en caso de que esta cosa quisiera hacerme daño, el miedo de llegar a un borde y caer paralizaba mi cuerpo. El ambiente poco a poco se iba haciendo más frio, el interior de mi nariz estaba seco e irritado y sentía que en cualquier momento comenzaría a sangrar. La temperatura bajo tanto que mi cuerpo comenzó a temblar y mucho.

Me había concentrado en el frio y me había olvidado de lo que mis oídos estaban escuchando. Cuando me percate de esto trate de poner atención otra vez, las pisadas habían desaparecido pero esto solo hiso que mi tensión subiera. No paso mucho tiempo cuando sentí el aliento de algo sobre mi cuello. Este hiso que un confortable  calor se expandiera por todo mi cuerpo de una manera muy lenta, pero a pesar de esto, yo seguía temblando porque en mi mente me imaginaba una enorme criatura con grandes garras y enormes dientes con los cuales me daría una gran mordida, pero descarte esa idea cuando nada paso. Había un silencio absoluto en este lugar, ahora mis oídos estaban alerta para escuchar hasta el más mínimo chirrido.

Seguía inmóvil cuando de pronto mis ojos percibieron una diminuta esfera de luz blanca que había aparecido de la nada. Esta poco a poco se hacía más grande hasta que llego a tener el tamaño de mi puño. Mi curiosidad despertó y extrañamente sentí la necesidad de acercarme a ella, pero aún estaba la posibilidad de caer. Inicié a caminar muy lentamente, poniendo un pie delante del otro sin dejar espacio entre ellos y así poder sentir si llegaba a un borde; De esta manera podría reaccionar a tiempo y no caer. Dure un poco en llegar a esta esfera pero cuando al fin estuve frente a ella, su hermosa luz blanca paralizo mi mirada, no podía ver hacia ningún otro lado, no quería ver hacia otro lado.

  Pude ver el tamaño de la esfera y era como la había percibido de lejos, tenía el tamaño de mi puño. Emanaba una luz de blancura exquisita que iluminaba todo mi cuerpo. Cuando estaba frente a ella, estaba elevada a la altura de mi abdomen y después de un momento, de manera muy rápida, dio un salto hasta mi rostro, yo vacilé un poco porque me tomo por sorpresa, estaba tan concentrado en su belleza que nunca me espere una conducta así. Mi curiosidad se intensifico, ahora sentía la necesidad de tocarla. Mis manos comenzaron a moverse solas, yo no tenía control sobre ellas. Momento a momento se iban elevando muy lentamente. Casi al alcanzarla me vi sorprendido cuando comenzó a moverse en todas direcciones, trataba de seguirla con la mirada pero su velocidad era increíble. Cuando al fin logre enfocarla, con un movimiento rápido se introdujo en mi pecho. Al instante sentí una enorme energía recorrer mi cuerpo entero, mi energía estaba al máximo y mis sentidos estaban desatados. Era increíble la manera como me sentía.

   Al acabarse esta energía, en mis manos comencé a sentir un hormigueo muy agresivo que se expandió enseguida por todas partes. Mi cuerpo entero se iluminaba mientras este hormigueo avanzaba. Yo brillaba, tenía una luz blanca muy tenue. Comencé a apreciar esto, vi mis piernas,  mis brazos y enseguida puse mis manos frente a mi cara y comencé a apreciarlas también. Mientras hacía esto pude percatar como las puntas de mis dedos comenzaban a desintegrarse en pequeñas partículas que se perdían en el aire. Esta desintegración se esparcía muy rápido, mis ojos veían como cada parte de mi cuerpo iba desapareciendo: Primero fueron mis brazos, luego mis pies seguidos por mis pantorrillas y el resto de mis piernas, después mi abdomen y poco a poco esta desintegración iba avanzando hacia arriba hasta que solo quedo mi cabeza. Cuando mi cabeza comenzó a desintegrarse una luz intensa salía de ella y cuando al fin despareció la luz acabo, al igual que el sueño.

     Mis ojos se abrieron tranquilamente después de observar que la luz pasaba atreves de mis parpados haciendo que parecieran de color anaranjado. Mi vista estaba borrosa hasta que al fin pude enfocar. Pude ver las viejas vigas de madera que le daban soporte al techo y unas cuantas telarañas. Repase el sueño por un rato pero no le encontré ningún significado, le otorgue la causa a los muchos postres que había cenado la noche anterior. Cuando mi análisis acabo levante mi cabeza un poco y pude ver como mis pies tocaban la cabecera de mi cama para niños y se salían de las sabanas. Desde que tengo memoria siempre he dormido al revés en esta vieja cama heredada por mí primo. Levante un poco mi cuerpo apoyándome en mis codos. Busque mis almohadas y como siempre, las encontré en el piso. Podía sentir una incómoda humedad en todo mi cuerpo y las sabanas mojadas con mi sudor no ayudaban a mejorar las cosas. Tal vez durante la noche había tenido fiebre; eso explicaría el sudor y el sueño raro. Rápidamente me quite las sabanas tirándolas al piso y cuando lo hice la ventana detrás de mí, a un lado de mi cama, se abrió dejando entrar una briza que hiso que a mi espalda se le pusiera la piel de gallina. Sin pensar  tome del piso las sabanas y me volví a envolver en ellas pero enseguida me las quite, de nuevo, cuando sentí, otra vez, el  frio sudor que había en ellas. Para cerrar la ventana me pare de mi cama y apenas mis pies tocaron el piso frio comencé a avanzar dando saltitos hasta que llegue a la ventana. Apenas la cerré di un gran salto a mi cama haciendo que crujiera mucho por lo vieja que estaba.

     Me quede acostado con mi cabeza cerca de la cabecera y boca arriba. Miraba hacia la derecha viendo el agujero de mi puerta, en el cual debería estar una perilla. Esto era  algo muy incómodo ya que no tenía nada de privacidad y mi mama no era fanática de tocar las puertas antes de entrar y muchas veces la sorprendí espiando por este agujero. La luz que entraba al cuarto me parecía demasiada, siempre me levantaba, bueno, me levantaban temprano y mi cuarto no se veía así. Rápidamente intuí que ya era tarde y que mis papas me habían dejado dormir por más tiempo. Todas las mañanas mis papas me levantaban temprano, antes del amanecer, para ir al mercado antes de que toda la gente se acabara las buenas frutas. Me sorprendió que se fueran sin mí. La noche anterior mis familiares y amigos cenaron en mi casa para festejar mi cumpleaños 18, fue una fiesta particular y muy buena, nunca me había divertido tanto con mis tíos y tampoco había visto a mi abuela moverse de esa forma. No era tan tarde cuando todos comenzaron a irse, todos al amanecer tenían labores así que lo entendí. Apenas se fue el último de mis amigos, mi papa y mi mama  se sentaron en la mesa conmigo, la charla fue amena hasta que mi papa dijo algo que me sorprendió. Me enoje mucho y subí a mi cuarto sin despedirme de ellos, tal vez por eso no me habían despertado, tal vez creían que yo seguía enojado con ellos, pero ya no lo estaba.

    Me senté en mi cama con toda precaución para que mis pies no tocaran el piso. Busque unos zapatos por todos lados pero no había ningunos a la vista; en mi casa nunca use zapatos, todos estaban a un lado de la puerta principal para ponérmelos cuando saliera y dejarlos cuando entrara. En la ciudad el clima nunca había estado tan frio, mis pies lo confirmaron cuando tocaron el piso. Me rehusaba a caminar descalzo así que puse a mi cabeza a formar ideas y rápidamente recordó que uno de los regalos que había recibido la noche anterior habían sido unos zapatos. Coby, Mi mejor amigo, me los había regalado. Cuando los vi, inmediatamente quise ponérmelos pero mi mama en voz alta me dijo que esperara hasta que mis pies estuvieran limpios por qué no me había dado una ducha desde la mañana; a mi mama siempre le gusto avergonzarme. Le hice caso y envolví de nuevo los zapatos, lleve el resto de los regalos a mi cuarto y los puse debajo de mi cama.

Después de recordar donde estaban los zapatos, rápidamente me moví en la cama dejando mi cuerpo boca abajo con la cabeza en el aire para agacharla y buscar los zapatos. Movía mis brazos entre todas las envolturas hasta que al fin los encontré; eran muy peculiares ya que no tenían agujetas  y eran de color azul. Todos mis zapatos eran marrones o negros haciendo a estos muy especiales. Coby recordó lo que ya hacia un tiempo le había comentado acerca de las agujetas, le dije que era muy molesto tener que atarlas cada vez que estas se desataban y sería una cosa menos por la cual preocuparse si los zapatos no tuvieran agujetas. Me los puse rápidamente, recordando el comentario de mi mama acerca de la ducha. Antes de dormir me había dado una. El azul de los zapatos contrastaba de manera muy peculiar con el color marrón de la madera del piso.

     Me dirigí a la puerta de mi cuarto y quite el pedazo de tela que siempre ponía en el agujero donde se supone que iría la perilla. Lo ponía porque me gustaba dormir en ropa interior y no quería que nadie me viera. Ese día no me importo salir así, en mis calzoncillos negros, porque no había nadie y porque recordé que un día Coby me dijo que estar en ropa interior por tu casa te daba un sentimiento de libertad. Al abrir la puerta baje por las escaleras que estaban frente a esta, a un lado del cuarto de mis papás. Baje como siempre muy rápido saltándome unos escalones, lo único que no fue como siempre fue que en el último escalón mi pie derecho se dobló haciendo que me tropezara. Afortunadamente mi casa era pequeña y la mesa de la cocina estaba muy cerca y por lo tanto pude sostenerme de una de sus 4 sillas. Me senté muy rápido para tratar de aliviar el dolor con mis manos y cuando termine con eso vi una pequeña nota amarilla en la mesa que decía.

 

Recuerda encender la chimenea y sacar la basura, fuimos por víveres así que nosotros desayunamos más temprano. Dejamos te de lico caliente arriba del horno de gas.

 

    Como siempre mi esplendida mamá había dejado listo un poco de mi te favorito antes de salir con mi papá.  Intente reflexionar en la mesa las cosas que me habían dicho  la noche anterior pero mi cabeza no se concentraba debido a esta noticia. La última noticia tan grande que había tenido antes de esta fue cuando me dijeron que Fifo mi pez había muerto y lo habían cambiado por otro para que no me diera  cuenta. Me hubiera gustado que nunca me hubieran dado esta noticia.

    Para calmarme fui al horno de gas y tomé la vasija de té que seguía caliente; no hace mucho que se habían ido. De repente mi nariz sintió un chocolatoso aroma. Inmediatamente supe que habían quedado postres de mi fiesta en el horno así que  lo abrí y tome cuatro, si, cuatro postres de chocolate. Tenía demasiada hambre. Puse una taza blanca, los postres y la vasija en un plato verde y lo lleve a la mesa. Recordé que tenía que encender la chimenea y sacar la basura, pero me rehusé a hacer la segunda tarea, era mucha la basura del patio. Tome los fósforos que estaban en la alacena, arriba del horno y me dirigí a la chimenea que estaba al otro lado de la casa, cerca del almacén. Me acerque a esta y, afortunadamente, ya estaba  la leña ahí, no tenía que ir al patio a buscarla. Encendí el fosforo y apenas lo hice la ventana que estaba del lado izquierdo de la puerta principal se abrió haciendo que el fosforo se apagara. Para la época que era, ese viento era algo inexplicable. Cerré la ventana y la asegure para que no se volviera a abrir, después volví a encender otro fosforo y apenas lo lance a la leña, esta ardió gracias a la grasa de Fírepis que tenía. La casa comenzó a ponerse cálida, recuerdo que ese calor fue muy reconfortante. Volví a la meza y sin sentarme  me serví una taza de té y mordí uno de los postres. Volví a poner todo en el plato verde y  subí a mi cuarto, sin prisas.  Me senté en la mesa de mi habitación en la cual siempre me golpeaba el pie cuando despertaba y caminaba sin zapatos. Era verdad lo que Coby me había dicho acerca de andar denudo por tu casa.

     Solo le di unos sorbos a mi té y lo volví a dejar en el plato. Me quede viendo el interior de la taza prestando atención a una hoja roja de lico que se desplazaba por todo el té. Este se puso frio después de un rato y dejo de ser apetecible. Yo intentaba concentrarme para meditar todo lo ocurrido la noche anterior, la noticia sí que fue grande y además, nunca me hubiera esperado algo de ese tipo. No debí enojarme tanto con mi papa, el solo lo hiso para protegerme.

Durante mucho rato seguí con la vista está hoja, cuando llegaba al fondo movía mi taza para que esta volviera a moverse, era tranquilizante he hiso que mi mente se quedara totalmente en blanco. La chimenea al fin calentó toda la casa, la leña había sido mucha porque mi cuarto estaba muy cálido. En mi frente lentamente se formó una gota de sudor, tenía la cabeza inclinada hacia mi taza lo que hiso que bajara por el centro de mis cejas y después por mi nariz. Cuando llego a la punta se quedó un momento ahí, y después, cayo. La gota cayo exactamente en el centro de la taza creando unas ondas que iban y venían por todo él te. Con cada momento se hacían más débiles hasta que se desvanecieron. Volví a mover la taza para que la hoja de lico volviera a moverse. Delicadamente se deslizo de un lado a otro hasta que toco el fondo de la taza, en ese instante él té otra vez se llenó de ondas, pero esta vez no las había causado mi sudor. Era algo inexplicable lo que había ocurrido en mi taza, trate de buscar alguna gotera en el techo o algún objeto que las haya causado pero no encontré nada. Me desparrame en la silla desconcertado porque a diferencia de las ondas que había causado mi sudor, estas no paraban, no se debilitaban.

Mis odios captaron un sonido a lo lejos, eran unas pisadas muy fuertes que parecía que se acercaban, inmediatamente recordé mi sueño. Seguí poniendo atención a este sonido hasta que no solo percibía eso, también sentía ligeras vibraciones en el piso que cada vez eran más notorias. También me decían que algo se acercaba. Pensaba que me había quedado dormido otra vez y estaba teniendo un sueño similar. Comprobé con un ligero pellizco en mi brazo izquierdo que esto no era un sueño. Me levante de mi silla y fui a la ventana que estaba a un lado de mi cama. Puse mí vista en el punto más lejano del paisaje; este punto eran unas montañas puntiagudas. No alcanzaba a percibir nada. La luz reflejada en el vidrio hacia ver que la ventana estaba vibrando y lo confirme cuando puse la palma de mi mano en ella. Yo creía que estaba alucinando, que mi te en realidad no era de lico si no alguno con un efecto raro. Baje mi mirada a las calles y muchas personas estaban fuera de sus casas. Pude ver a Coby cuando paso cerca, apenas lo vi deslice la ventana y le grite. Cuando se acercó le pregunte

-¿Tú también lo escuchas?

- Si, al igual que todos los demás- me afirmo.

-¿A dónde se Dirigen todos?

- Debemos ir a la plaza Tai, es el primer paso del plan de evacuación.

-¿Creen que es un terremoto?

- Sea lo que se, parece que va a ser muy divertido.

Le dije que lo alcanzaba en la plaza Tai porque tenía que cambiarme.

      De mi armario saque lo primero que encontré. Eran unos pantalones negros y una camisa blanca que tenía un detalle gris rodeando el delgado cuello. Baje y corrí a la puerta pero apenas la abrí la volví a cerrar por que una briza fría me recordó el raro frio que hacia ese día. Volví y tome del perchero mi suéter gris. Me lo puse sin cuidado y las mangas de mi camisa se atascaron con las mangas del suéter. Salí de mi caza y camine por la calle tratando de acomodar mis mangas. Camine como por cuatro cuadras y llegue a la plaza Tai. En el centro de esta había una estatua del Rey y muchas lámparas.

 

    Caminaba entre las personas buscando a Coby, había muchas corriendo y haciendo que fuera muy difícil encontrarlo. Escuche que Coby grito mi nombre con su muy peculiar voz. Volví  a escucharlo y  al fin lo encontré, estaba moviendo sus manos en el aire para que yo pudiera verlo. Él era muy bajito,  su cabeza llegaba a la altura de mis hombros y yo no era muy alto que digamos. Tenía un cuerpo muy muscular por su trabajo en el bosque, el cargaba mucha tierra. Digo que su voz era peculiar porque era muy gruesa y contrastaba mucho con su pequeño cuerpo. Coby Llevaba una bufanda negra y un suéter purpura con parches por todos lados, parches de muchos colores. También llevaba unos pantalones cortos y unos zapatos negros.

    Mientras caminaba hacia él, un joven que parecía de mi edad me empujo con el hombro, le dije que tuviera más cuidado y el solo me vio con ojos de desapruebo. Su ropa era muy peculiar, era negra con detalles color berenjena. No eran dos piezas, era una sola que cubría todo su cuerpo dejando solo sus pantorrillas al descubierto. Este atuendo estaba ceñido al cuerpo de todas partes. Él era rubio con piel clara, cejas gruesas y con una pequeña cicatriz en la ceja izquierda.  Seguí caminando sin darle importancia.

    Coby tenía Garcilaso frito que acababa de comprar y apenas llegue con él me dio un poco. Comenzamos a charlar acerca de la fiesta de la noche anterior y también de las pisadas. Las pisadas seguían escuchándose pero ya no se sentía que se estuvieran acercando. Mucha gente estaba reunida en la plaza también charlando acerca de estos sonidos. Sin darme cuenta, las pisadas habían desaparecido. La gente se había  ido y solo quedábamos en la plaza unas cuantas personas y nosotros. Nos sentamos en el piso recargándonos en la estatua del rey Tai mientras comíamos Garcilaso. Comencé  a contarle a Coby mi sueño y él también pudo apreciar el parecido con lo que estaba pasando ese día. Bromeo conmigo diciéndome que estaba algo loco por los golpes que me habían dado en la cabeza los bravucones de la escuela. Siempre tuve problemas con ellos desde que entre a la escuela menor. Conocí a Coby apenas entre a la escuela Mayor, él estuvo en el mismo escuadrón en los juegos de primavera. Los de primer año sufrimos mucho en esos juegos, nuestros conocimientos parecían no bastar. Coby también era de primer año pero él era increíble. Desde esos juegos nos hicimos mejores amigos y siempre me defendía de los bravucones. Pasaron más cosas desde ese entonces que hicieron que Coby y yo nos convirtiéramos en casi como hermanos.

     Toda la plaza volvió a lo normal, cada puesto de comida y cada negocio seguían con un ritmo habitual. Invite a Coby a desayunar los postres de chocolate que habían sobrado y el acepto sin dudarlo. Nos alejamos poco de la estatua y al dar solo unos pasos escuchamos un horrible grito o sonido de alguna criatura o de cualquier otra cosa. Al parecer era enorme. Nos quedamos atónitos a semejante sonido, todos en la plaza también lo habían escuchado y la gente comenzó a salir otra vez de sus casas hacia la plaza. Esa era la primera indicación en el plan de emergencia que nos aportaron los concilios para peligro de terremoto.

 Mucha gente se reunió en la plaza dejándonos a Coby y a mí dentro de una pared humana impenetrable, tardaríamos mucho en tratar de salir de ella. Las miradas de todos no tenían un punto fijo, miraban para todos lados tratando de encontrar la cosa que hiso el gran sonido o grito pero nada aparecía. Volvimos a escuchar el sonido y pudimos saber que venía desde las montañas puntiagudas cerca de la ciudad. El sonido hacia que se te pusiera la piel de gallina. Comencé a sentir que el clima se hacía más frio, otra vez recordé mi sueño. Paso un momento sin gritos y la gente parecía tranquilizarse y comenzaron a moverse otra vez.

    Un grito se escuchó en la multitud, era la hija del señor que vendía el Garcilaso frito. Todos dirigimos la mirada hacia ella. Mientras gritaba, ella señalaba las montañas puntiagudas al este de la ciudad. Pudimos ver como unas esferas de fuego gigantes salían disparadas desde la parte de atrás de las montañas y se dirigían hacia nosotros. La gente entro en pánico corriendo por todos lados, olvidando por completo el plan de emergencias. Daba pena ver a mis vecinos presumidos correr de esa manera. Coby y yo nos quedamos en el mismo lugar ya que no podíamos movernos. Un hombre barbudo pasó muy cerca de nosotros empujando a Coby y tirando el resto del Garcilaso, cosa que disgusto mucho a Coby. Apenas nos comenzamos a mover el mismo hombre barbudo y gordo volvió y me empujo haciendo que callera al piso. Me lastime el pie otra vez pero el dolor paso rápido. Apenas levante mi cabeza sentí una patada en mi cara, pude reconocer los zapatos rojos de la señora Frodet, ella siempre me odio. Ese golpe dejo una herida cerca de mi ojo izquierdo. Cuando volví a levantar la cabeza pude ver como la primera esfera impactaba en la plaza arrojando a muchas personas por el aire, me quede impactado por lo que había sucedió y me quede inmóvil. La esfera impacto muy cerca de mí aturdiendo mis odios, escuchaba solo un molesto sonido muy agudo. Poco a poco se disipo y pude escuchar la voz de Coby diciendo que me levantara. Me ayudo a pararme y comenzamos a correr esquivando a las personas que corrían desesperadas y a las esferas que caían por todos lados.

    Al pasar por la mitad de la pared humana con vida, recordé que había algo muy importante en mi casa. Durante la fiesta mi papa me aparto de los demás y me llevo a su cuarto. Me senté mientras él buscaba en uno de los cajones de su enorme ropero de madera oscura. Parecía ser muy pesado, una vez mi mama me dijo que se le cayó encima a mi papa y tuvo que llamar a unos vecinos para ayudarlo. De este cajón saco una pequeña mochila de color negro. Se sentó junto a mí y me mostro lo que tenía dentro. No podía encontrar alguna cosa para las que estas cosas sirvieran, pero me dijo que eran muy importantes y que debía ayudarlo a resguardarlas. No sabía por qué era tan importante protegerlas pero la cara de seriedad que mi papa tenía me dejo helado. Mi papa nunca  me había hablado tan enserio. Dijo que dos personas no eran suficientes para protegerlas de la amenaza que venía, pero era mejor que una. Amenaza fue una palabra que toco lo más profundo de mi cabeza, que amenaza era más grande que la que tuvimos que enfrentar ese año. No me dijo que no se las mostrara a nadie, pero al parecer estaba implícito.

     Le grite a Coby que teníamos que ir a mi casa, le grite demasiado fuerte porque me dijo que no gritara tan alto. No creí haber gritado tan fuerte pero al parecer mis oídos estaban aún dañados por aquel primer golpe de la esfera y por los muchos que habían caído ya. Al principio se negó pero cuando le dije que era importante, con la misma cara que mi papa puso, me siguió. No tardamos mucho en llegar por que la cantidad de personas había disminuido, unas habían escapado al refugio del oeste otras ya estaban muertas.

 

   Apenas abrí la puerta de mi caza Coby corrió al baño que estaba bajo las escaleras. Le dije que no tardara mucho y subí al cuarto de mis papas. Tome la pequeña mochila negra y la puse en mi espalda. Mi mamá fabricaba están pequeñas mochilas con dos tirantes que hacían que se sintieran muy cómodas en la espalda, además fueron un éxito cuando todos me vieron con una de estas en la escuela. Desde ese día la economía de mi casa mejoro mucho.

Después de eso fui a mi cuarto y tome otra mochila que tenía escondida dentro de mi colchón. Era de color Rojo y dentro de ella había medicinas y ungüentos necesarios para una excursión peligrosa. Tenía lo básico: ungüento de raíz de flor de Kuiz, aceite de Zíen, Jugo de Jorim y crema de Nue. Los tenía escondidos por que los había robado, a mi propio padre. Él sabía mucho sobre las plantas medicinales y como hacer con ellas estas cosas. Sus productos se vendían muy bien porque si servían, no como los que nos daba el Concilio. Baje las escaleras escuchando como Coby abría la puerta del baño. Cuando llegue abajo me quite la mochila negra, se la arroje a Coby y me puse la Mochila Roja con los ungüentos. Se preguntó por mi decisión de darle la mochila con los artefactos y le dije que confiaba más en el que en mí. No fue solo porque lo creyera, Coby era más fuerte que yo, él era más que yo en todo. Él no era del todo como los demás.

     Salimos otra vez de mi casa y apenas dimos unos pasos una esfera la destruyo por completo. Caímos por la fuerza del impacto en un agujero creado por otra esfera. Rápidamente nos levantamos y comenzamos a pensar en que haríamos para salvarnos. El plan obvio era ir al refugio hasta que recordé algo. Como pude ser tan tonto e insensible, había olvidado a mis papas. Tenía que encontrarlos. Llegamos de nuevo a la plaza y detectamos que las esferas habían disminuido, caían solo  en las afueras de la ciudad, al parecer buscando a los que se dirigían al refugio. Aun había pocas personas en la plaza, tenían el mismo traje del joven, el que me empujo cuando estaba buscando a Coby en la plaza. Parecía que estaban buscando algo entre los escombros. Mi mente inmediatamente los relaciono con El concilio.

    Nos acercamos a ellos y les preguntamos qué era lo que estaba pasando. Solo se me quedaron viendo, sin decirme  nada. Me enoje mucho y les volví a preguntar con más fuerza en mi voz. Uno muy alto y pelirrojo se acercó

-si quieres ayudar a tus padres te recomiendo que los busques en el bosque, hay muchos refugiados ahí.- Me dijo viéndome a los ojos

    Como era que él conocía a mis padres, y como es que sabía dónde estaban. Tal vez ellos ya venían del bosque y vieron que había personas resguardándose ahí junto con mis padres. No pensé mucho eso de ir a buscar a mis padres al bosque, porque siempre las personas del concilio habían sido confiables, así que Coby y yo nos fuimos. Dejamos a estos hombres tranquilos haciendo su trabajo.

 

    El bosque no era un lugar cercano, estaba al este de la ciudad, debajo de las montañas. Nosotros estábamos en el centro y en una carroza de vapor llegaríamos en 20 minutos sin tráfico. Gracias a la distribución de la ciudad podríamos llegar en este tiempo. Del centro partían 4 caminos, uno a cada punto cardinal. Esos caminos se extendían a lo largo de la ciudad. Calles, caminos y senderos conectaban estos caminos. No  era fácil perderte y podías llegar a un destino muy rápido gracias  a estas carrozas y a los trabajadores encargados de la vialidad en la ciudad.

     Decididos a llegar al bosque, buscamos una carroza de vapor ya que ninguna de nuestras familias tenía una. De una casa casi a punto de colapsar salieron dos ancianos en una de estas carrozas. Casi nos envisten cuando pasamos por ahí. Se detuvieron a tiempo y nos pidieron perdón. Coby se enojó mucho y golpeo la parte delantera de la carroza con su pie. El anciano que manejaba se bajó de la carroza  y camino hasta donde estaba Coby. El bastón de este anciano golpeo muchas veces a Coby

-Pídele perdón a Trudy mocoso enano – Le decía mientras lo golpeaba. Trudy era el nombre que le había puesto a su carroza.

Tome al anciano por la espalda y lo tranquilice. Recordé quienes eran, eran los hermanos Griten. Hace mucho que habían dejado la ciudad en busca de aventuras. Nunca me percaté de que habían vuelto.

Al bajarlo le dije al anciano lo que me habían dicho las personas de la plaza, también que necesitaba de su auto para llegar al bosque. El otro anciano que estaba en la carroza salió, gritando que yo estaba loco.

     No quería pelear a sí que solo me calle, pero Coby siempre fue muy protector conmigo. Se acercó a este anciano que vestía  un traje gris muy viejo. Se puso frente a su cara, muy cerca y le dijo.

-No me importa si quieres o no prestarme tu carroza, me la llevare con o sin tu consentimiento.

   Valla sorpresa para mí también, la palabra consentimiento no estaba dentro del vocabulario de Coby. El anciano no se asustó.

-Tú y cuantos más chaparrito- Le dijo a Coby lanzándole un poco de saliva después de que se acomodara su dentadura.

Coby se enfureció y tomo al ancianito cargándolo, yo tome al otro para que no pudiera defender a su amigo. Me sentía terrible por lo que estábamos haciendo pero  necesitaba encontrar a mis papas, más aun debido a la pelea de anoche. Quería que supieran que ya no estaba enojado. Los pusimos en la parte trasera de la carrosa. Coby tomo el volante y yo me senté en el asiento del copiloto.

Manejar entre tantos escombros era muy difícil, además de que periódicamente las esferas caían cerca de nosotros. Otra cosa que no ayudaba eran las manos de los ancianos golpeándonos y sujetándonos por el cuello. Para ser ancianos tenían mucha fuerza. En un momento dejaron de golpearnos y se tranquilizaron.

-Más les vale que Trudy llegue a salvo- Dijo el anciano que golpeo a Coby con el bastón.

    No tenía ningún reloj pero puedo estar seguro de  que llegamos en menos de 20 minutos, Coby manejo como un loco. Apenas nos bajamos del auto los ancianos nos gritaron malas palabras y se fueron llevándose la carroza. Habíamos llegado a las afueras de la ciudad y solamente nos faltaba cruzar un obstáculo para llegar al bosque, un puente colgante. Entre la ciudad y el bosque había un cañón muy profundo. Para cruzarlo solo había una forma, este puente colgante hecho de cuerda y tablas. Desde que tengo memoria las alturas no han sido mi fuerte, además este puente no se veía muy seguro.

   Mire alrededor buscando otra forma para llegar al bosque: un puente más seguro o una tirolesa. Mire al puente de nuevo y pude ver a Coby cruzándolo. Ese tipo tenía nervios de acero, nunca tuvo miedo de nada. Coby era muy popular en la escuela, era muy raro que el hablara conmigo. Su papa era el ayudante del criador de Vuelo-Guardianes en el castillo central antes de que lo enterraran, lo que hacía que su nombre fuera reconocido en la escuela como todas las personas importantes del castillo. El siempre ayudo a estas criaturas a volar cuando llegaban a la adultez. Para Coby las alturas no eran problema.

     No me quedaba otra opción así que comencé a seguir a Coby por este puente. Mis manos apretaban muy fuerte las cuerdas y mis pies caminaban muy firmen en las tablas. Cuando Coby llego yo apenas iba a un cuarto del puente. El regreso por mí y me alcanzo en la mitad. Me cargo como a un bebe y me llevo hasta el otro lado del cañón. Le agradecí mucho su hazaña.

    Las esferas seguían cayendo pero no en el bosque, dejándonos caminar tranquilamente. Parecía que los refugiados de los que hablaron las personas en la plaza estaban escondiéndose de nosotros. Caminamos más y buscamos por todas partes hasta que nos alejamos mucho del cañón. Me frustre y me senté en una enorme piedra para tranquilizarme. Hasta  ese momento resentí todo lo que estaba pasando; la ciudad destruida, las personas muertas y mis papas perdidos. Era mucho por asimilar pero cuando al fin lo logre comencé a llorar. Yo casi nunca lloro, pero ese día todo lo que estaba conteniendo, sin pedirme permiso mi cuerpo lo saco.

   Coby se acercó a mí. Arranco uno de los parches de su suéter y me lo dio. Con el limpie mis lágrimas.

-  No te preocupes, tal vez las personas ya fueron evacuadas al refugio, lo más seguro es que tus  papas estén ahí- dijo Coby tratando de tranquilizarme.

- y si no es así, y si mis papas ya están muertos- Me levante de la piedra.

- No lo creo, tus papas estaban en el mercado, en el oeste de la ciudad. Pudieron haber escapado por la cercanía al refugio.

- Eso espero Coby.

 

Decidimos regresar a la ciudad y dirigirnos al refugio. Este refugio estaba en el oeste, cruzando El Rio Mirador. Este rio era el más grande de Tromos, dividía completamente el único continente del planeta, dejando dos lados casi igual de grandes. Había partes donde este era muy ancho y se veía como un mar o un lago, en unas partes era más angosto pero aun así, su anchura era sorprendente. El refugio estaba a poco tiempo del rio,  donde antes estaba el Castillo central antes de su hundimiento.

     Cuando me pare de la piedra pude ver a dos sujetos con el mismo traje de las personas que parecían ser del concilio. A diferencia de las otras, estas tenían una careta que cubría solo sus bocas. Parecía que estaban buscando algo, le señale a Coby el lugar donde estaban.  Tenía un buen presentimiento, esas personas tal vez podrían haber visto a mis papas. Caminamos hacia ellos acercándonos muy rápidamente. No nos detectaron hasta que Coby los llamo. Nos  veían mientras nos acercábamos a ellos, no nos quitaban la mirada de encima.

-  Coby, porque nos ven así.

- Se ven sorprendidos de vernos- Dijo Coby.

A unos metros de llegar a ellos el buen presentimiento se fue, dejando una inquietud muy rara. Su ojos eran los únicos que podían expresar algo en su cara y en ese momento lo que expresaban era ira, enojo y odio. Nos detuvimos a unos cuantos pasos de ellos cuando uno tomo una espada que tenía colgando en su espalda.

-Guarda eso- Le dijo Coby con una vos calmada, tratando de hacer que cambiara de opinión al ver que estábamos  indefensos.

- Nos fue buena idea venir al bosque Coby-  Decía el que traía la espada mientras la guardaba en su espalda.

-¿Cómo es que sabes mi nombre?

- No solo se el tuyo Coby, también se el de los otros 9.

No entendí nada de lo último que dijo pero Coby sí. Apenas dijo eso le lanzo una roca. No tenía idea de donde había sacado la roca, no vi que se agachara por una. El sujeto guardo la espada y se quitó los guantes. A simple vista estos parecían que formaban parte del traje. El otro hiso lo mismo

- No creo que quieras jugar ahora Coby- Dijo el otro que tenía pelo Rubio

- Tengo muchas ganas, no lo he hecho en ya un tiempo.

- Tal vez ya olvidaste como se hace.

- Lo que bien se aprende nunca se olvida.

El ambiente comenzó a ponerse frio como en mi sueño. Coby me empujo y caí al piso. De las manos de los sujetos llamas rojas salieron disparadas hacia Coby que se protegía usando un escudo de tierra que el mismo estaba haciendo. Ese tipo de poder se llamaba Dominio y nos lo habían arrebatado  recientemente. ¿Cómo es que el aun podía usarlo? Me levante y lo ayude a mantenerse de pie. Las llamas eran muy calientes y dejaron el redondo escudo convertido en cristal.

No te ves sorprendido amigo- Me dijo.

Siempre supe que eras diferente Coby.

No podíamos más. Ellos eran dos contra uno. Yo no contaba por que no podía usar mi Dominio.

Comenzaron a acercarse más y no tuvimos otra opción. Iniciamos a correr escapando de ellos. Sus llamas eran muy rápidas y con muy buena puntería, cada una de ellas estuvo a punto de quemarnos. Las esferas de fuego comenzaban a aparecer en gran número en el bosque. Estas personas no eran del concilio, estas personas fueron los causantes de toda la destrucción de la ciudad, estas personas atraían las esferas hacia nosotros.

   Cuando  los perdimos la única amenaza eran las esferas. Nos habíamos acercado al puente cuando una enorme impactó  en un árbol haciendo que este comenzara a caer. Yo solo había escuchado el impacto pero no me había dado cuenta de que el árbol estaba cayendo. Coby me empujo haciendo que este no cayera encima de mí. Sus piernas se quedaron atrapadas debajo del árbol por haberme ayudado.

 Trataba con mucha fuerza de sacarlo pero no lo lograba,  mi ayuda no era mucha por que el árbol era muy pesado. Todo empeoro cuando los dos sujetos volvieron. Cuando nos vieron comenzaron a lanzarnos  llamas rojas pero sin buena puntería por lo lejos que aún se encontraban. Yo luchaba con todas mis fuerzas de levantar un poco el árbol pero sin ningún resultado. Coby apoyo sus manos en la tierra y comenzó a Dominarla. El árbol poco a poco se levantaba gracias a un montículo de tierra que se formaba en el lado derecho del tronco. El árbol se inclinó lo suficiente para que Coby saliera. A penas salió comenzamos a correr, Coby estaba muy lastimado pero aun así seguía mí mismo ritmo. Fue más difícil perderlos esta vez pero lo logramos. Ellos eran igual de rápidos que nosotros, solo que Durante los juegos de primavera habíamos aprendido a usar el terreno a nuestro favor. Ellos tenían que detenerse para pasar un árbol caído, nosotros solo lo saltábamos.

    Encontramos una pequeña cueva cerca del cañón. Decidimos escondernos  ahí hasta que nos dieran por perdidos. La cueva estaba muy seca y fría. Había muchos insectos. Nos sentamos para inspeccionar nuestras heridas. Coby se hirió con el árbol y yo cuando nos perseguían por segunda vez, una de las llamas quemo mi pantorrilla derecha. Saque de una de las bolsas frontales de la mochila roja un cuchillo y con el corte la parte inferior de mi pantalón. Coby tomo el frasco de Crema de Nue y tomo un poco. Después lentamente lo froto en mi pierna. Poco a poco el efecto de la crema me alivio del dolor, el único problema era que había perdido toda la sensibilidad  desde mi rodilla hacia abajo. Me pare y cuando caminaba lo hacía cojeando. El efecto se había expandido en gran parte de mi pierna por que Coby había usado mucho. El solo se reía de lo graciosos que caminaba.

- Debimos haberle quitado el bastón al anciano también- Me dijo a Coby riéndose mucho. Él también había tenido contacto con la crema. Sus manos también perdieron la sensibilidad –No siento mis manos. En caso de que necesite usar mi dominio. Bueno, no creo que sea buena idea que estés cerca.

   Mi cabeza solo pensaba en formas con las cuales Coby pudo haberse quedado con su dominio. Coby siempre fue muy fuerte, su dominio tierra era sorprendente. Siempre me protegió, pero ahora, tal vez él pueda ayudarnos a recuperar el poder y no solo actuar de guardaespaldas. Mi responsabilidad ahora era protegerlo yo a él. Con el poder podríamos salvar a muchos de la cosa que estaba lanzando las esferas, podríamos darle batalla a los sujetos del bosque. La humanidad podría ser salvada, otra vez.

Mientras estuvimos ahí ninguno dijimos nada. Coby no quería que yo supiera la razón por la cual el aún tenía su dominio. Yo no tenía la intención de preguntárselo. Durante la mayoría de mi vida he aprendido que a veces saber las cosas no siempre te ayuda.

     Mi pierna aún estaba adormecida pero ya habíamos estado unas 3 horas en la cueva, era hora de salir. No había señales de los sujetos y las esferas habían cesado. Coby puso mi brazo alrededor de su cuello para que yo pudiera apoyarme en él. Mi pierna seguía como muerta. Caminamos hasta llegar al puente. El me cargo de nuevo como a un bebe y comenzó a cruzarlo. Coby estaba muy callado todavía.

- Porque me observas tanto ¿Te gusto amigo?- lo dijo porque yo no le quitaba la mirada de encima. Trataba de que me dijera algo acerca de su domino, con la presión que mis ojos ponían en él.

- No amigo, no eres mi tipo. Por qué no me dices ya porque aun tienes tu domino.

- Es mejor que no lo sepas.

- anda dímelo.

- Si te lo digo nunca me dejarías morir.

- No te entiendo Coby, Yo nunca te dejaría morir en ningún caso.

- Solo debes saber que si solo uno de nosotros puede vivir, ese deberás ser tú.

-¿Por qué yo?

Estábamos por llegar  a la orilla cuando dije eso. No nos habíamos dado cuenta de que una esfera se aproximaba. Golpeo el puente haciendo que este dejara de ser usable. Las cuerdas se rompieron y comenzamos a caer en caída libre. Coby no soporto mi peso y me soltó. Apenas lo hiso tome una cuerda y alcance a sujetar su brazo.  Chocamos  muy fuerte en uno de los lados del cañón. Me lastime mucho el hombro y el peso de Coby hacia que el dolor fuera más intenso.

    No sentía una de mis piernas y él no podía usar sus manos. ¿Cómo es que llegaríamos a la cima? Sujetaba a Coby del antebrazo pero se me iba resbalando. Hice un intento de subirlo un poco pero no funciono. El aun podía mover sus manos pero no podía sujetar las cosas con fuerza. Sin decirme, tomo con una otra mano la cuerda y se la enredo alrededor de su muñeca.

- Suéltame y comienza a bajar muy lento. Me dijo. Yo no lo quería hacer pero siempre confié en él.

Iba deslizándome muy lento. Llegue hasta donde él estaba.

-Mira, Tú puedes usar las manos y solo una pierna, yo no puedo usar ninguna de mis manos. Tendremos que unirnos para poder subir, me entiendes. Ahora tendremos que encontrar una forma de como sujetarme a ti.

-Coby, hubiera sido mejor que pensaras en eso antes de que me deslizara.

-Perdóname, estaba improvisando.

 

Él puso alrededor de mi abdomen sus manos y usando su dominio las unió con roca haciendo que no pudiera soltarse. Su domino aún era bueno con las manos adormecidas. Ahora éramos uno. Yo ponía mis manos, una sobre otra en la cuerda, mientras el con sus piernas se impulsaba usando rocas y raíces que sobresalían del cañón.

 

- Por nada te vayas a soltar- Dijo Coby. – Pero por nada, porque si lo haces moriremos los dos, ¿ya viste la profundidad de este cañón?

- No es algo que en este momento quiera apreciar Coby.

El cañón tenía muchas raíces y piedras que sobresalían lo que hacía fácil poder escalar. Por mi parte, el hombro no me dejaba usar uno de mis brazos completamente y era muy difícil soportar mi peso y el de Coby. Cuando llegamos yo ya estaba exhausto y me quede hincado un momento mientras Coby avanzaba. Escupí un poco de sangre, sangre que salió después de morderme la lengua cuando choque contra el lado del cañón. Cuando levante mi cabeza Coby ya estaba avanzando. Escuche  un zumbido detrás de mí y al girar mi cabeza una esfera paso rápidamente. La seguí con la vista  y  supe donde impactaría.

-¡Coby!- Grite y el giro para verme

- ¡¿QUE?!-

Justo en el momento que grito la esfera cayo a unos dos metros de donde estaba el, lanzándolo por el aire. Corrí rápidamente hacia él y cuando llegue estaba inconsciente. Su suéter comenzó a ponerse húmedo de su costado izquierdo. Era sangre. Tome mi mochila y tome el cuchillo. Corte su suéter y la camisa que traía debajo. Deje descubierto todo su torso. Tenía una herida muy grave en todo el costado Izquierdo de su cuerpo. Busque en la mochila la crema de Nue para poder calmarle el dolor. Aunque estaba inconsciente su rostro se retorcía. Quería ayudarlo más pero no tenía nada que parara el sangrado ni que desinfectara en caso de una infección. No tenía nada para quemaduras, no podía ayudar a mi amigo.

Abrió los ojos y tomo de mi brazo.

- Estaré bien, no te preocupes. ¿Solo es un poco de sangre verdad?- murmuro, no porque quería hacerlo si no porque no tenía las fuerzas suficientes para hablar normalmente.

-No Coby, no es poca sangre- Le conteste de la peor manera. Solo lo asuste más de lo que ya estaba. Pude haber mentido y decirle que la sangre era poca.

- Rayos, parece que llegue a lo último.

- que tratas de decir.

-vamos amigo, sabes que la herida sangra mucho, en un rato me desangrare y moriré. Trata de que no me desangre por completo hasta que lleguemos refugio está bien. Tengo unas cosas aun por hacer.

- No vas a morir Coby, En el refugio deben de tener algo para ayudarte. Mis papas tendrán algo para parar la hemorragia.

- No, no lo creo. Todos corrieron sin preocuparse de este tipo de cosas. Todos algún día tenemos nuestro fin.

- Pero el tuyo no es hoy  Coby.

Me quite el suéter y lo corte en una tira larga que me serviría de venda. Envolví el costado de Coby con mucha presión sobre todo en el área donde la herida era más grave. No fue suficiente y me quite también la camisa. Hice los mismo con esta y parecía  ahora ser suficiente. Senté a Coby y me puse detrás de él. Pase mis brazos por debajo de sus axilas y sujete mis manos junto a su pecho. Lo arrastre, él iba dejando un tenue rastro rojo en la tierra.  Mi primera opción hubiera sido cargarlo. Pude haberlo hecho pero no tenía la suficiente energía, además así podría ver si una esfera se aproximaba. Lo arrastre hasta donde nos dejaron los Hermanos Griten. La carroza seguía hay, y los ancianos también. Salieron del auto y me ayudaron con Coby.

- Perdonen muchachos, no quisimos ser groseros.

- No se preocupen, gracias por volver- Les dije con tono de agradecimiento.

- Era lo menos que podíamos hacer, tu padre nos ayudó a escapar de las esferas cuando cayeron en la plaza.

- ¿Mis padres estaban en la plaza?-  Me sorprendí.

- Si hijo y vieron como ustedes entraban en la casa, se distrajo un momento pero cuando quiso alcanzarlos vio como una esfera destruyo su casa, pensó que estabas muerto. Tuvieron que llevárselo a la fuerza. Tu mama no se enteró de nada, pero también puso resistencia. No quería irse in ti.

Subimos a la carroza de vapor. Me alivie mucho cuando supe que mis padres llegaron al refugio. También me alivie cuando volví a sentir mi perna. No era tan bueno porque me ardía mucho por la quemadura, pero era mejor en caso de que tuviera que correr. Tendría que aguantar el dolor.

No lo sabía con certeza pero las posibilidades de que mis padres estuvieran vivos eran muy grandes. Los hombres de la plaza, los que me dijeron que mis padres estaban en el bosque, me habían dirigido al lado contrario de todos. Querían matarme, y a Coby. ¿Por qué? Ya las cosas habían sido resueltas. El conflicto entre dominios había acabado. Algo había pasado, algo grande y tal vez, esta vez nadie podría solucionarlo.

    Mientras  la carroza se movía yo ponía mucha presión en la herida de Coby. El parecía aun lucido. No decía nada, solo veía a través de la ventana.

-Tromos es hermoso, ¿No crees?- Dijo Coby

- Si Coby, lo es. Y sé que podrás seguir viviendo en el por mucho tiempo.

- Yo no lo creo, visite muchos buenos lugares contigo.

- Hubiera sido muy aburrido sin ti, por eso te invite.

- ¿Solo por eso? Creí que era por mi increíble fuerza y mi sorprendente poder

- hasta al punto de tu muerte sigues siendo un poco arrogante amigo.

Su risa débil desencadeno mis lágrimas. No quería que Coby muriera. No quería que me dejara, no ahora, no en estos momentos. Si mis padres estuvieran muertos y el también, yo  estaría completamente solo. Coby era mi hermano, lo adopte en el momento que lo conocí. El hacía que mi vida fuera divertida, diferente. Hiso que la viviera.

     Llegamos a la plaza Tai. El señor que vendía el Garcilaso estaba al pie de la estatua del Rey. Nos detuvimos a un costado de él. Baje de la carroza y le ofrecí ayuda. Él estaba sentado con su hija muerta en los brazos. Lloraba silenciosamente mientras dejaba que las lágrimas cayeran del lugar donde deberían estar sus ojos. Salían por los pliegues que los cubrían por completo. Él había sido víctima de la gran contaminación. Le ofrecí mi ayuda pero  se negó.

- Quiero morir, ahora si me han quitado todo-Dijo el hombre mientras yo subía a la carroza. Su nombre nunca lo supe, siempre le decíamos señor Fritz. Me hubiera gustado haberlo conocido más.

    Nos alejamos de la plaza en dirección al rio. El puente más cercano estaba a unos 20 minutos de la ciudad. Mientras nos alejábamos de los escombros de las casas y edificios pude ver como una esfera caía exactamente en la estatua del Rey Tai. La destruyo por completo.

¡Cuidado  bruto!- Le grito el anciano que había golpeado a Coby a su hermano que estaba manejando.

Las esferas comenzaron a caer cerca del auto, una casi nos volcó pero el Sr. Griten era muy bueno manejando. Parecía que nos seguían porque caían muy cerca. Cada vez que una impactaba cerca de nosotros una enorme cantidad de tierra tapaba por completo el vidrio de la parte frontal de la carroza.

     Llegamos al puente y comenzamos a cruzarlo. Mientras las esferas caían en el agua Coby tomo mi mano y puso algo en ella. Era una piedra circular de color Blanco.

-  Úsala bien, es lo último que queda.

- Que es esto Coby.

- Ádeluz te lo dirá

- ¿QUIEN?- de quien hablaba Coby. Ádeluz, que nombre tan extraño.

Coby comenzó a desvanecerse

- Coby mantente despierto, ya casi llegamos-  Le dije

- Ya no puedo resistir más. ¿Recuerdas lo que te dije antes de que el puente del cañón se derrumbara?

- Si lo recuerdo.

- pues la maldita esfera te lo hizo muy fácil.

- Coby ya no sigas, vivirás. Podrás llegar.

- No, no llegare. Es momento de despedirnos.

- ¡No Coby!

- Hasta nunca Amigo. Como me hubiera gustado ser como tú y vernos otra vez

Coby cerró sus ojos. Lo sacudía para tratar de despertarlo pero no estaba dormido, estaba muerto. Por qué él quería ser como yo. Yo era un perdedor. Era un simple Humano.

Grite muy fuerte su nombre, el nombre me mi amigo. Mi grito tapo el sonido de una esfera cayendo en el puente. Este comenzó a derrumbarse. El derrumbe nos seguía y parecía ir más rápido que la carroza.

-Adiós Coby, Nunca volveré a ir  a la escuela, ya nadie me defenderá- Me despedí de Coby, mi Mejor amigo.

El Derrumbe nos alcanzó y la carroza cayó al rio. Abrase el cuerpo de Coby muy fuerte mientras La carroza se inundaba. Los hermanos Griten pudieron salir por una de las ventanas. Cuando volví en mí, tome la mochila de los artefactos que Coby llevaba y me la puse de frente. Cubriendo mí pecho. La de las medicinas seguía en mi espalda.

    Los hermanos Griten habían abierto una ventana de la carroza para salir antes de que se inundara por completo. Salí por ella  nadando muy tranquilo. El aire se me iba acabando mientras subía. Mi vista se iba desvaneciendo. No me sentí intranquilo. Ya no sabía si quería vivir. No quería estar solo en Tromos. Tromos es un mundo enorme pero aun así,  encontrar a alguien como Coby sería la tarea más difícil.

  Cuando Salí a la superficie di una gran bocanada de aire y nade hasta la orilla del lado oeste. Cuando Salí del agua mi cuerpo ya estaba agotado. Poco a poco me pare y comencé a caminar muy lentamente hacia el refugio.

   Las esferas volvieron a aparecer, golpeando muy fuerte cerca de mí. Corrí esquivándolas. Corrí y corrí y están no me golpeaban. En un momento gire mi cabeza hacia las montañas. Detrás de ellas salía una criatura enorme. Esta era la que lanzaba las esferas. Esta criatura tenía el domino y había consumido todo el calor cercano. Era esta la razón del frio extraño.

     Esta fijo su vista en mí, nuestras miradas se cruzaron. Lanzo unas 15 esferas que iban en mi dirección. Estas tenían una conducta diferente. Parecían tener vida propia porque Se movían de una manera más recta y a veces cambiaban de dirección repentinamente. Iban a velocidades diferentes.  Comencé a correr más rápido. Estaba muy cerca del refugio en ese momento. A lo lejos pude ver a dos personas correr en la misma dirección que yo. Les grite y ellos se detuvieron. Comenzaron a decirme con sus manos que me apresurara. Cuando me acerque a ellos pude ver que eran mi papas.

-¡Mama, papa!- Les grite.

Ellos me reconocieron y comenzaron a correr hacia mí

- Aléjense- Les dije pero no me hicieron caso.

Cuando estaba muy cerca de ellos,  las esferas con vida comenzaron a caer cerca de mí una tras otra levantando tierra y quemando todo. A unos segundo de llegar con mis papas gire mi cabeza y vi como la última esfera me seguía, me tenía en su blanco. Corrí aún más fuerte.

   Apunto de llegar con mis papas, de la nada un agujero se abrió en la tierra y caí en él, la esfera impacto cerrando el agujero. Caí en un espacio hueco, no había nada. Gire mi cuerpo y vi una torre. Una Torre brillante. Brillaba como mi cuerpo en el sueño. Choque con el techo y lo rompí, después mi cuerpo choco con el duro piso y quede inconsciente.

    No sé cuánto tiempo dure inconsciente. Tal vez fue mucho, tal vez solo unos momentos. Abrí mis ojos, no pude ver nada. Puse mis manos frente  a mi rostro y no pude verlas. La oscuridad me hacía sentir como si ese lugar no tuviera un fin. Mi sueño se había hecho realidad. Ahora sabía en donde estaba. En la Cima de la Torre central del Castillo Hundido. En esta habitación no iba a haber precipicios, ni orillas en las cuales pudiera caer. Esta vez sí me sentía solo, el aire estaba normal. Todo estaba particularmente tranquilo.   

  Me pare con mucha dificultad. Mi cabeza dolía un poco.  La caída fue muy alta y que yo estuviera vivo era indicio de que mi  cráneo era muy fuerte. Camine hasta que choque con algún mueble muy alto. Camine en otra dirección y volví a chocar. Estaba rodeado por  muebles viejos al  parecer. Encontrar una salida sería muy difícil.  La mejor idea en ese momento era descansar. Estaba a salvo y si lograba salir, necesitaría de energías para llegar hasta el refugio y después de eso, combatir con la criatura que vi. No sabía cómo iba a hacerlo pero lo haría con cualquier recurso.

   Me senté en el piso un momento. Mi pierna aun ardía. Comencé a sentir algo de miedo cuando  de  repente algo que ya conocía apareció. Una pequeña partícula de luz apareció de la nada, como en mi sueño. Se expandió hasta que tomo el tamaño de mi puño. Su luz revelo las cosas con las que estaba tropezando, eran espejos, espejos muy grandes. En cada uno de ellos me reflejaba. Verme semidesnudo y lleno de sangre y tierra era una sensación muy triste. Esta esfera comenzó  a moverse alrededor de Todo el lugar. Este lugar era un enorme salón, lleno de espejos con hermosos marcos de metal y otros de madera.

   La esfera se posó encima de una enorme forma de madera. Esta comenzó a moverse por sí sola. Tenía unas pequeñas ruedas en la parte de abajo que ayudaban. La esfera la estaba moviendo, la esfera tenía una clase de Dominio peculiar. La forma de madera se colocó enfrente de mí. Esta al estar cerca comenzó a abrirse revelando que era una estructura de madera con 5 espejos individuales unidos con bisagras. Estos espejos  eran hermosos. En cada uno de ellos podía verme claramente.

   La esfera se movió de nuevo y se posó sobre mí. La vi, era tan hermosa como en mi sueño. Quería tocarla pero no quería desintegrarme. Volví a verme en los espejos. Algo raro pasaba, yo estaba desvaneciéndome en ellos. Estaba desapareciendo. Se podía ver que otras imágenes aparecían en él.  ¿Estaba alucinando?, No, no lo estaba. Mire a mi alrededor y lo mismo pasaba con los demás espejos. ¿Que estaba sucediendo?

 - Debes estar tranquilo, abre tu mente. Deja que cada aprendizaje se quede encerrado dentro. Lo necesitaremos-  Esta voz salía de la esfera. La esfera hablaba, era sorprendente – Lo que veras será de utilidad para los que vienen.

- Los que vienen, a que te refieres- Dije mirando las imágenes en el espejo.

- Eres la clave para que esta generación pueda sobrevivir.

- ¿Porque me trajiste aquí?

- Para que aprendas.

Mi reflejo se fue por completo en todos los espejos del Salón. Parecía que las imágenes que habían aparecido en su lugar estaban tratando de contarme algo.

- No sé si estés listo, pero no podemos esperar. Prepárate- Dijo la esfera.

La luz de la esfera se intensifico haciendo que mi mente se quedara en blanco. Lo único en lo que ponía atención era en lo que los espejos me mostraban. Podía verlo todo, escucharlo todo y sentirlo todo. Mi mente se había trasladado a estos  lugares. Podía sentir lo que cada persona sentía. Sentía su respiración y el latir de su corazón. Sentía su felicidad y su tristeza. Era abrumador pero logre controlarlo.

    Dentro de todas las cosas que vi, solo puedo decir lo maravilloso que es este mundo. Pensábamos que lo conocíamos, pero, solo conocíamos lo que nuestra capacidad alcanzaba a apreciar. Nunca me había imaginado la cantidad de cosas que Tromos escondía y que aun esconde.

   Lo que vi, lo que aprendí fue de tal importancia. Aprendan de nuestros errores, aprendan de nuestros logros. No se dejen llevar por cosas humanas. Tromos es bueno. Es el mundo más espectacular que podrás conocer. Ahora abran su mente y encierren cada aprendizaje. Ustedes son nuestro futuro. Son la esperanza. Lean, aprendan, vivan. NO CAIGAN.